Por qué la cultura de la reparación es una tendencia de consumo en 2021

 

La producción y el consumo responsable es uno de los 17 Objetivos de desarrollo sostenible marcados por las ONU en su hoja de ruta hasta 2030. Cumplir con este reto supone evitar el deterioro del medioambiente, aprovechar más los recursos y promover estilos de vida sostenibles. 

En concreto, el objetivo 12.5 es, “de aquí a 2030, reducir considerablemente la generación de desechos mediante actividades de prevención, reducción, reciclado y reutilización”. Y, en ese camino, la economía circular y el mercado de segunda mano tienen mucho que decir. 

Como se señala en el informe El efecto ambiental de la segunda mano realizado por Milanuncios, con el mercado de segunda mano: 

  • Se reduce la explotación de nuevas materias primas 
  • Se reduce la demanda de fabricar productos nuevos
  • Se incrementa la vida útil de los objetos 
  • Se disminuyen los residuos

Estas prácticas se plasman en cifras concretas: el mercado de segunda mano en España en 2020 redujo el impacto medioambiental del CO2 en 1,2 millones de toneladas

La segunda mano, además, también se ha visto impulsada con la COVID-19. Como apunta el Pulso digital de Adevinta Spain, “el mercado de segunda mano ha sido uno de los que mejor ha reflejado el día a día de los españoles” durante los últimos meses. De hecho, se ha posicionado como “una opción consolidada” gracias a un crecimiento que se ha hecho especialmente notable en categorías como el deporte o cuestiones relacionadas con el turismo como autocaravanas y furgonetas. 

Un crecimiento que ha llegado con la pandemia y que, según un reciente informe publicado por Naciones Unidas, es una oportunidad para fomentar la economía circular a través de un modelo de desarrollo más sostenible, equitativo e inclusivo. 

 

Apostar por reparar 

 

Alargar el ciclo de vida útil de los productos también pasa por no desecharlos antes de tiempo y darles una segunda oportunidad cuando fallan o se estropean. En tiempos de crisis como la actual provocada por la COVID-19, cuando el consumo se contrae, se intenta alargar la durabilidad de los objetos. Por ello, desde la consultora estratégica Zorraquino, apuntan a la cultura de la reparación como una tendencia de consumo para 2021.

Una tendencia que articulan en seis ideas clave: 

  • Evitar una crisis de recursos. El crecimiento tanto de consumo como de población no es sostenible con el modelo de consumo basado en usar y tirar. 
  • Desvincular el crecimiento económico de la extracción de recursos primarios. Con esto, se conseguirían paliar las consecuencias ambientales de esta actividad.
  • Tomar decisiones sostenibles. Impulsar la cultura de la reparación favorecerá el acceso a información veraz vinculada a la durabilidad de los productos para ayudar a las personas a decidir de manera más sostenible y consciente. 
  • Extender la vida útil de los productos. Este reto para los fabricantes también otorga una ventaja a pymes que no pueden competir en cuanto al precio del producto, pero sí en cuanto a calidad. 
  • Reutilizar, recoger, reciclar y reparar. Estas cuatro R devolverán al consumidor la propiedad de los productos que compra y favorecerán la economía circular. 
  • Proteger la tierra y los océanos. Por ejemplo, los desechos electrónicos están llenando tanto la tierra como los océanos de residuos a los que se suman otros problemas más conocidos como el del plástico. 

 

El papel de las marcas 

 

Para conseguir una economía circular y sostenible, las marcas, como un agente social más, tienen mucho que aportar. Una aportación que puede ir más allá de apostar por la calidad del producto, por impulsar el reciclaje o la reducción de residuos. 

Por ejemplo, a través del contenido que crean y los mensajes que lanzan a la sociedad. Muestra de ello es esta campaña de Adolfo Domínguez en la que apuesta por un modelo de compra sostenible y personalizado. Además, se apoya en la inteligencia artificial para conocer mejor el consumidor y ofrecerle solo aquello que de verdad necesita.

Otro ejemplo es el de Volvo y su campaña sobre “El test definitivo de seguridad”, que no es otro que el cambio climático. Y en este caso también hay una apuesta explícita por la reparación: “En comparación con la producción de nuevas piezas, las piezas refabricadas emplean aproximadamente un 85 % menos de materias primas y un 80 % menos de energía —señala Volvo—. En 2020, ahorramos casi 3000 toneladas de CO2 gracias a la refabricación de más de 40.000 piezas”. 

Uno y otro caso demuestran que las marcas van tomando conciencia, que actúan para mejorar y que son capaces de combinar sus acciones con las nuevas tecnologías y la data para que el mensaje llegue hasta los usuarios, que son, a fin de cuentas los que toman la decisión final.  

 

 

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